La inmersión en agua fría se ha vuelto muy popular en los últimos años; se venden costosos tanques y spas completos dedicados a sumergirse en agua casi helada. Pero hay entusiastas que lo hacen aún más estimulante al nadar al aire libre durante todo el año.
En Gran Bretaña se ha vuelto muy popular lo que llaman “wild swimming”, pero aquí también se hace: una manera totalmente nueva de vivir los paisajes del Valle del Hudson. En Peekskill se organiza una inmersión polar conocida el 1º de enero para celebrar el año nuevo, y grupos como Beacon Endurance han salido a hacer inmersiones heladas similares, si bien más informales, en lagos, en lagunas y en el Hudson.
Pero si la idea de sumergirte en aguas heladas te da escalofríos, quizá te ayude saber que quienes participan en esta actividad la encuentran francamente eufórica. Sumergirse al aire libre conecta a las personas con su cuerpo y con la naturaleza sin ningún costo: es una actividad emocionante que solo requiere un traje de baño y un gorro de invierno (calcetines y guantes de neopreno opcionales).

Michael Polito se sumerge lentamente, entrando en el agua poco a poco hasta que le llega a la cintura. Luego empieza a practicar respiración mesurada para que su cuerpo se acostumbre al descenso de temperatura hasta que se pone en cuclillas, con el agua a la altura de los hombros: primero, una respiración profunda que mantiene durante 30 o 40 segundos, seguida de 30 inhalaciones y exhalaciones profundas. Finalmente, con su cuerpo en “modo seguro”, el corazón tranquilo y la mente en calma, ya puede estar presente.
“Te dices que tienes el control, que siempre te puedes salir. Al final, tu cuerpo empieza a adaptarse. Yo suelo cerrar los ojos y relajarme. Si empiezo a sentir dolor, vuelvo a la respiración profunda”.
Polito, instructor de artes marciales de 64 años y residente de Poughkeepsie, sale al menos dos veces cada invierno (semanalmente si es una temporada especialmente fría) en cualquier agua abierta que encuentre. No considera la práctica ni un chapuzón ni un baño, más bien algo intermedio: un ejercicio físico y mental de termogénesis (proceso natural en el que el cuerpo quema calorías para producir calor) por frío que, para él, ha demostrado tener beneficios reales para la salud.

“Favorece la salud del corazón y la inmunidad”, afirma Polito, por no mencionar la explosión de energía que siente después de una sesión y la gran tolerancia al frío que ha desarrollado. Cuando llega una tormenta de nieve y hay que sacar la nieve, no se oye a Polito quejarse: “¡Podría echar pala en pantalones cortos y sin camisa!”.”
Polito recuerda una mañana de enero en la que se metió en un arroyo en Beacon, rodeado de una ligera nevada: “Era precioso”. Se sentó en el agua fría durante casi 20 minutos y solo salió cuando se le antojaron unos panqueques.
Quienes participan en el grupo Kingston Point Winter Splash Squad, a diferencia de un club de lucha, no solo hablan del mismo — van a asegurarse de invitarte a su próximo encuentro.

Así se enteró Craig Wilson, de 41 años, del grupo poco después de mudarse a las afueras de Kingston a principios de 2024; conoció por casualidad al “animador” no oficial del grupo Ari Goldstein y al final de su conversación ya Wilson había decidido anotarse. “¿Que si yo era bañista [de agua helada]? No era algo regular pero lo había hecho antes”, dice Wilson. “Si me preguntas ahora te diría que sí”.
En invierno, el cofundador del grupo Tom Hynes envía un anuncio semanal a sus participantes por WhatsApp compartiendo las condiciones del agua y el tiempo para el fin de semana. Para el domingo a las 9 a.m., Wilson y el resto del equipo están en Kingston Point Beach con sus trajes de baño y zapatillas y guantes de neopreno, con ganas de sumergirse un mínimo de cinco minutos, si no ocho.
Es un grupo comunicativo de gente de todo tipo de cuerpo, edades y procedencia, cuenta Wilson, “una gente acogedora y encantadora. Hay personas empresarias, dueñas de restaurantes, doctores, artistas”.

Además del aspecto social, Elena Batt dice que las inmersiones le dan energía y ánimo, sobre todo en los meses más sombríos del año: “El invierno puede ser duro y suelo salir a caminar mucho. Pero quitarse la ropa cuando hace frío tiene algo que te hace sentir invencible cuando todo te dice, ‘¡No, no hagas eso!’ Me calma la mente de cierta manera y me siente excelente después.”
¿Y qué hay de quienes vienen como espectadores o que no se meten al agua y lo consideran una “locura” o algo inconcebible meterse en agua helada con regularidad? Wilson recuerda una inmersión reciente: una mujer pasó caminando y pensó que el grupo estaba intentando rescatar a alguien — porque, ¿qué otra cosa iban a estar haciendo allí?
“Mucha gente hace cosas locas”, dice Wilson. “Esto no le hace daño a nadie y nos permite estar en naturaleza. La única diferencia es que se puede disfrutar mejor solo cuando el clima no es precisamente agradable”.
Nota de edición: La inmersión la realiza bajo su propia responsabilidad; siempre se debe prestar atención a la seguridad, las condiciones, la calidad del agua y las señales colocadas en cualquier cuerpo de agua al exterior antes de meterse o sumergirse en el agua.