Las cifras sobre el desperdicio de alimentos en los EE.UU. dan mucho que pensar: se calcula que cada año unos 145 mil millones de comidas terminan en la basura. En conjunto, los residuos alimenticios representan casi una cuarta parte del flujo de residuos municipales. Hacer cara a este problema podría resultar en un triple beneficio: ayudar a ahorrar dinero, a alimentar a más personas y a reducir los desechos que llegan a los vertederos.
Ahora, ¿qué hacer si se quiere contribuir? Es claro que mitigar toda la crisis del desperdicio de alimentos sería imposible para una sola persona pero pequeños aportes pueden sumarse para lograr una gran diferencia. Es ahí donde nos orientan consejos inteligentes de especialistas regionales en ahorro de alimentos.

Janet Irizarry, fundadora de My Mindful Kitchen, un programa doméstico para reducir el desperdicio de alimentos, es una de esas personas expertas. En calidad de instructora del Culinary Institute of America, Irizarry notó mientras daba su curso “Introducción a la industria de la hospitalidad” que cada vez más estudiantes no eran plenamente conscientes ni del esfuerzo que supone llevar los alimentos de la granja a la tienda y de ahí a la mesa, ni de la importancia de la sostenibilidad. Y no es su culpa; según explica, las generaciones más jóvenes crecieron en un mundo de abundancia y alimentos listos para consumir.
Empezó por organizar el Hudson Valley Food Waste Challenge, un evento que logró retar a 80 familias a participar en distintas técnicas para reducir desechos. A partir de ahí, creó My Mindful Kitchen como un programa de concienciación de 10 semanas. “Una vez que empiezas a darte cuenta de la cantidad de alimentos que se desechan, y cómo pueden marcar la diferencia pequeños detalles, como refrigerar correctamente los productos frescos, cambia tu perspectiva”, afirma.

Irizarry sugiere medidas prácticas a partir de la organización: pasar una hora o dos revisando la despensa. Luego, planificar la lista para la compra en torno a comidas y agendas, tomando nota de festividades con cenas grandes o días ajetreados donde puede ayudar una comida sencilla. Todo eso evita comprar de más o no planificar lo suficiente.
Otro consejo: al guardar en el refrigerador, tener en cuenta que no todos los alimentos “se llevan bien”. “Por ejemplo”, explica, “guardar manzanas con pepinos hace que estos se echen a perder más rápido: algunos alimentos producen etileno y otros son susceptibles al mismo”.

También recomienda enjuagar las bayas y guardarlas en frascos de vidrio; y cortar los tallos de las hierbas y colocarlas en un poco de agua dentro de un recipiente con tapa ayuda a que se mantengan frescas durante semanas.
Fareground, un programa de acceso a alimentos con sede en Beacon, también ofrece una iniciativa para prevenir el desperdicio de alimentos gracias a un equipo comprometido de voluntariado. “Recuperamos una cantidad inmensa de alimentos”, nos cuenta Jamie Levato, director ejecutivo — más de 65.000 libras de alimentos solo en 2024.

“Según un comunicado de ReFed se desperdicia casi un 40% del suministro de alimentos de Estados Unidos; no solo hay muchas oportunidades para rescatar alimentos, sino también para evitar desperdiciarlos en primer lugar”, afirma Levato.
Fareground usa una aplicación que permite a empresas de catering, agricultores y hogares registrar los alimentos que no van a consumir, tras lo cual una persona del voluntariado se encarga de recogerlos. Los alimentos rescatados se clasifican en tres categorías: aptos para la venta, con ligeros defectos (se pueden preparar en comidas para donar) o listos para abono (normalmente con el programa municipal de compostaje de Beacon).

Levato sugiere otra manera de prevenir el desperdicio: planificar con antelación fiestas y eventos con comida abundante, pensando en cómo se guardarán las sobras a temperaturas adecuadas para su donación posterior sin riesgo alguno. También recomienda informarse sobre las fechas que figuran en los envases de alimentos. “Muchas personas asumen que la fecha de venta significa fecha de vencimiento”, dice, “pero en el caso de algunos productos solo significa que se debe retirar el artículo de los estantes de la tienda para reabastecer o porque podría perder su máximo sabor o textura crujiento, pero a veces sigue siendo seguro para el consumo”.
Cualquier gesto, por muy pequeño que sea, es mejor que no hacer nada pues puede servir de inspiración. “Se desperdicia tanta comida hermosa, comestible, en perfecto estado”, dice Levato. “Piensa en todo lo que se invirtió en cultivar, procesar y cocinar esa comida — agua, combustibles fósiles, energía humana — y ni siquiera sirve para alimentar a nadie”.

Irizarry añade: “Hay mucha gente que se siente desorientada en el mundo actual pero esto es algo que cada persona puede empezar a hacer desde ya para sentirse más en control. El dinero te rinde más, lo que contrarresta los efectos de la inflación, [y] desperdicias menos alimentos lo que protege el medio ambiente. La gente suele pensar, ‘Yo soy una sola persona; ¿qué diferencia puede hacer?’ pero lso pequeños cambios pueden tener gran impacto”.