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Louis Agassiz Fuertes. (Imagen: Cortesía Cornell University Division of Rare and Manuscript Collections)

De cómo esbozaba especies nuevas el ornitólogo Louis Agassiz Fuertes

El famoso de descendencia puertorriqueña es aún reconocido como uno de los uno de los mejores pintores de aves de Estados Unidos.

by Elizabeth Werlau
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Desde sus primeros años en Ithaca, N.Y., Louis Agassiz Fuertes mostró gran fascinación por el mundo natural. Fue quizás apropiado que su padre, Estevan Antonio Fuertes, lo bautizara en honor al naturalista estadounidense Jean Louis Rodolphe Agassiz. Como fundador y decano de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad de Cornell, además de ser astrónomo, es posible que Fuertes padre, de origen puertorriqueño, esperara que su hijo recorriera un camino similar. No obstante, inspirado por la labor de su homónimo, el joven Louis dedicó su vida a la observación minuciosa de la naturaleza.

Ya desde su temprana adolescencia, Fuertes dibujaba y pintaba fauna silvestre, intrigado especialmente por los movimientos de las aves. Solía buscar información en las bibliotecas locales y acabó fascinado por las láminas a color de la obra Birds of America, de John James Audubon. Tomaba notas detalladas sobre las aves que encontraba, aprendió a imitar sus cantos y recogía especímenes de los bosques y campos cerca de su casa para poder examinarlos y dibujarlos más de cerca.

Estudio sobre pájaro carpintero por Louis A. Fuertes. (Imagen: Cortesía New York Public Library Digital Collections)

Fuertes terminó matriculándose para estudiar arquitectura en la Universidad de Cornell, pues por aquel entonces allí la ornitología aún no se enseñaba en el plan de estudios. Pero las aves siguieron acaparando su atención y, en una ocasión memorable, se asomó por la ventana de un salón de clases en plena clase para localizar el origen de un canto de pájaro. Para su último año de carrera, Fuertes ya se había dedicado por completo al arte y había terminado una tesis sobre la coloración de las aves.

Apenas unas semanas después de graduarse de Cornell, Fuertes comenzó a estudiar con el reconocido pintor y naturalista Abbott H. Thayer. Durante el invierno de 1897-1898, vivió en la casa de Thayer en el Condado Westchester, donde fue aprendiz y perfeccionó sus habilidades artísticas. Pasó gran parte de su tiempo con Thayer recorriendo el Valle del Hudson para estudiar los colores, la luz y las texturas del mundo natural. Aun así, Fuertes se sentía limitado por la escasa variedad de aves que había estudiado hasta ese momento. Eso cambió drásticamente en 1899, cuando el artista, de 25 años, fue invitado a participar en la Expedición Harriman.

La expedición, un viaje a gran escala a las regiones salvajes de Alaska, fue concebida y financiada por el magnate ferroviario neoyorquino Edward Henry Harriman. Este reunió a un equipo de 30 personas: científicos, artistas, fotógrafos y naturalistas, entre ellos John Muir y John Burroughs, para que lo acompañaran a bordo del barco de vapor George W. Elder. El grupo contó con el apoyo de una numerosa tripulación compuesta por personal doméstico, personal médico y de enfermería, taquígrafos, cazadores y taxidermistas. También participaron en el viaje de dos meses familiares e invitados de Harriman. El recorrido abarcó finalmente casi 9.000 millas bordeando las costas de Columbia Británica, Alaska y Siberia.

Una imagen de la expedición de Harriman a Alaska en 1899. Louis Fuertes es el tercero por la izquierda; en el centro de la foto se ve a su amigo y mentor, John Burroughs, mirando hacia otro lado. (Imagen: Cortesía Library of Congress)

A bordo, a Fuertes se le asignó un estudio muy luminoso donde documentó las aves capturadas o avistadas durante el viaje. Al ver sus bocetos, Mary Williamson Harriman comenzó a exhibirlos por todo el barco para que el resto de la tripulación pudiera estudiarlos y admirarlos.

Las amistades y los contactos profesionales que Fuertes estableció durante la expedición afianzaron su reputación como artista. Dieciséis de sus ilustraciones de aves procedentes del viaje aparecieron a todo color en el informe de la expedición, lo que confirmó su prestigio y respeto como artista de vida silvestre y le generó invitaciones para documentar aves por todo el mundo.

Una lámina de Birds of New York, ilustrado por Louis A. Fuertes. (Imagen: Cortesía New York Public Library Digital Collections)

También entabló una amistad duradera con John Burroughs, con quien mantuvo correspondencia mucho tiempo después del viaje y, años más tarde, ilustró varios de sus libros. Tras la muerte de Burroughs en 1921, Fuertes ayudó a perpetuar el legado de su amigo como miembro fundador de la John Burroughs Memorial Association. Creada para preservar la obra de Burroughs, la Asociación pronto adquirió Slabsides, la cabaña de Burroughs de 1895 en el Condado Ulster, junto con el John Burroughs Nature Sanctuary de 200 acres a su alrededor, que sigue manteniendo hasta el día de hoy.

Además de su talento artístico, Fuertes llegó a ser un conferencista muy solicitado a nivel nacional. Regresó varias veces al Valle del Hudson para dar conferencias en el Vassar College y en escuelas secundarias y clubes de toda la región. Sus presentaciones combinaban ciencia, arte y espectáculo: Fuertes mostraba diapositivas de sus viajes de investigación, contaba historias sobre sus obras de arte y entretenía al público silbando cantos de aves.

Durante una visita al Rhinebeck Bird Club en 1916, Fuertes y el ornitólogo Maunsell S. Crosby hicieron un importante hallazgo local. Fueron los primeros en documentar un sitio de anidación de la golondrina norteña de alas ásperas en el Condado Dutchess. Esa observación conduciría al descubrimiento de más nidos a orillas del Río Hudson. Esa misma tarde, Fuertes presentó otro hallazgo del mismo viaje ante un público reunido en la biblioteca del Starr Institute de Rhinebeck: el canto de la curruca de alas doradas, un ave nueva para él.

Otra imagen de la expedición Harriman en Alaska de 1899. (Imagen: Cortesía Library of Congress)

Fuertes llegó a ilustrar 35 libros y más de 60 publicaciones, entre ellas National Geographic. Aunque las aves eran su tema favorito, pintó todo tipo de animales silvestres y domésticos. The Book of Dogs: An Intimate Study of Mankind’s Best Friend fue una de sus obras más populares.

Aunque Fuertes viajó por todo el mundo, su obra más importante se centró en las especies de Nueva York y Nueva Inglaterra. Colaboró con el American Museum of Natural History de NYC, aportando a exposiciones e investigaciones ornitológicas. La New York Zoological Society (hoy la Wildlife Conservation Society) le encargó varias de sus pinturas para su nuevo parque natural, conocido posteriormente como el Zoológico del Bronx.

El New York Zoological Park, hoy el Zoológico del Bronx, encargó varias pinturas a Fuertes. (Imagen: Cortesía New York Public Library Digital Collections)

El Estado de Nueva York también encargó las ilustraciones de uno de sus mayores logros: la obra de dos volúmenes Birds of New York, escrita por Elon Howard Eaton. Para ese proyecto, Fuertes catalogó, dibujó y pintó más de 300 especies de aves nativas de Nueva York, llegando a producir 106 láminas únicas de cromolitografía. Gran parte de dicha colección se encuentra ahora en exposición permanente en el New York State Museum.

En el verano de 1927, a los 53 años, mientras regresaba a casa desde las montañas Catskills con su esposa Margaret, el auto de Fuertes fue arrollado en un cruce ferroviario. Margaret sobrevivió, pero Louis falleció allí mismo. Llevaban las ilustraciones de lo que se convertiría en su última publicación, Album of Abyssinian Birds and Mammals. Sorprendentemente, las ilustraciones sobrevivieron al accidente.

Louis Agassiz Fuertes hacia el final de su vida. Falleció a los 53 años, cuando el auto en el que viajaba fue atropellado por un tren. (Imagen: Cortesía Cornell University Library Division of Rare and Manuscript Collections)

La obra de Fuertes sigue inspirando a artistas, naturalistas y amantes de las aves. Sus pinturas, sus libros y sus muy concurridas conferencias educativas, contribuyeron a despertar el interés del público por la observación y la identificación de aves, al tiempo que establecieron nuevos estándares para la ilustración de la vida silvestre. Gracias a las imágenes que creó, las aves y demás fauna silvestre del mundo pasaron a ser vistas no solo como objetos de belleza, sino también como representantes de los frágiles hábitats que las sustentan.

Elizabeth Werlau es escritora autónoma, bibliotecaria escolar e historiadora municipal en el pueblo de Plattekill, N.Y. Ha escrito mucho sobre la historia del Valle del Hudson y siente un cariño especial por las historias sobre las montañas de Marlboro y del Río Hudson. 
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